
Éramos una masa de 6.500 corredores avanzando a lo largo y ancho de Av. Manquehue. Dos semanas atrás se habían copado las inscripciones. “El fenómeno del running” habían publicado los medios. “Dos décadas tarde, pero por fin llegó”, pensaba yo.
Hace un mes le escribí a mis amigos ex–atletas, esos con los que pasé veranos enteros entrenando 7 horas diarias, para que volviéramos a las pistas. En realidad se trataba de una humorada, la idea era que corriéramos la corrida de 10K en el marco del Maratón de Santiago Adidas. Cuatro escucharon mi llamada: José Miguel, Vicho, Choi y Alfredo.
La verdad es que me quería poner una meta exigente pero hace 8 días me vi obligado a modificar mis expectativas. Mientras trotábamos a modo de entrenamiento, me lesioné la rodilla izquierda. Quería correr en 47 minutos, pero en las nuevas circunstancias el objetivo era bajar de 50 minutos, es decir, correr escuchando el disco “Ten” de Pearl Jam y llegar a la meta antes del fin de mi canción favorita del grupo “Release”.
A las 7.30 de la mañana nos encontramos en la partida ubicada en el Parque Araucano. Alfredo no llegó pero los otros 4 estábamos ahí como en los viejos tiempos. La expectación general era altísima y mientras esperábamos el cañonazo de largada la adrenalina de la masa se sentía en el ambiente (cómo se ve en el video que hice).
Mi rodilla duró poco, sólo 4 kilómetros antes de que hiciera un doloroso “crack”. Huuuuh! Ahí pensé que se acababa todo, pero seguí no más, rengueando, hasta lograr el ritmo que me resultara menos doloroso. Concentrado. A los sones del grunge.
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